José Mari creció en la Barcelona de la posguerra en el seno de una familia pobre.

Ser pobre, aunque parezca mentira, no significa no tener ideas. Lo digo porque, por si fuera poco lo de la pobreza, José Mari nació en una familia que perdió la guerra.

Ante esta situación, la familia de José Mari abandonó la ciudad y volvió al pueblo.

José Mari era un tipo resuelto, así que a los nueve años encontró su primer trabajo barnizando ataúdes en Mora de Ebro, (alegre trabajo para acabar de redondearlo).  Junto a su gemelo Paco, eran los mayores de cuatro hermanos y había que arrimar el hombro para llenar la olla, vamos, para no tener la olla boca abajo.

Las cosas no iban muy bien en la familia de José Mari, y su padre decidió emprender el sueño americano, así que empaquetaron todo y agarraron un barco con destino a Argentina.

Tras una larga y penosa singladura, llegaron a Buenos Aires con la ilusión de una nueva vida.

No se puede empezar una nueva vida, desengáñense, vida solo hay una, y nos deja cicatrices a cada paso, el que decide empezar una nueva vida, es que no se mira las cicatrices.

Tres o cuatro trabajos después, cinco o seis puto gallego después, dos o tres desesperanzas después, volvieron a Barcelona, con el rabo entre las piernas y más pobres de lo que se fueron.

Pero no todo iba a ser malo. José Mari para entonces ya era un buen mozo, y empezó a hablar con una chica del barrio que se llamaba Mª Jesús.

Mª Jesús había nacido en una familia que ganó la guerra, y tenía un empleo en las oficinas de Galerías Preciados, en el Portal de l’Angel, hoy Corte Inglés.

A pesar de algunas discrepancias familiares, consiguieron casarse, José Mari encontró un trabajo de representante para una empresa que vendía cajas reductoras para barcos y todo tipo de material industrial para los astilleros, por lo que estaba mucho tiempo de viaje por la costa cantábrica. En resumidas cuentas, pasaba más días en el hotel Conde Duque, del Campo Volantín de Bilbao, que en su modesto piso del Poble Sec.

Esto no fue impedimento para que Mª Jesús quedase preñada en dos ocasiones. Niño y niña. La parejita.

Y la vida fue pasando y dejando su rastro de amarguras y alegrías, puede que más de las primeras, que de las segundas, pero dignamente.

Por cierto, José Mari, era muy del Barça, el decía que lo llevaba en la sangre…

El 9 de noviembre hace cinco años que nos dejó José Mari, pero ya me había enseñado a llegar a los sitios y a las personas.

José Mari era mi padre.

In memoriam


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